EL DUALISMO
Origen
El término dualismo es utilizado por primera vez por Tomás Hyde en sentido teológico para designar el dualismo de la religión persa; la misma significación tiene en Bayle y Leibniz Por su parte Wolff introdujo su sentido metafísico y ontológico, al emplear el término dualismo para significar las relaciones del alma con el cuerpo.
El dualismo teológico
El dualismo religioso aparece en muchos pueblos antiguos, como China y Egipto, pero especialmente en Persia. Su religión, impulsada y reformada por Zoroastro hacia el s. VI a. C., establece un principio divino del bien, Ormuz o Ahura Mazda, y otro del mal, Ahrimán. Formas de dualismo se encuentran después en el orfismo (hacia el s. VI a. C.), en el gnosticismo (s. II a. C.), en el maniqueísmo, en la doctrina gnóstico-maniquea de Prisciliano, y ya en la Edad Media, en los bogomilos, albigenses y cátaros. La más influyente de estas doctrinas, después del mazdeísmo de Zoroastro, fue el maniqueísmo.
Rasgos comunes de las doctrinas dualistas
En líneas generales, las doctrinas dualistas coinciden en los siguientes rasgos: el principio del Bien es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la Materia, o con el diablo o demonio (maniqueísmo). La materia es, pues, mala, y principio del mal; o bien creada por un demiurgo distinto del dios bueno (gnosticismo de Marción), o por el diablo, principio del mal (Prisciliano), rigorista y extrema; o bien ceden ante lo inevitable y justifican la relajación: porque no es posible resistir al principio del mal que inclina a pecar, y es ese principio, no la persona singular, el responsable del pecado.
Reacción de la Iglesia Católica contra el dualismo
Desde el punto de vista de la doctrina católica, la inconsistencia y error del dualismo quedan de manifiesto por los siguientes enunciados:
- Dios es único, infinito y omnipotente;
- El principio del mal no puede ser Dios ni puede limitar la potencia infinita del único Dios.
- Todo ha sido creado por Dios, y como tal bueno;
- Todo lo que existe es bueno (Dios miró todas las cosas que había creado y vio que eran buenas: Génesis 1.4.7.10.12.18.21.25.31);
- También lo es, por tanto, la materia (además, el Verbo se encarnó; la Encarnación, en el cristianismo es una revalorización de la materia y del cuerpo humano frente al platonismo y al maniqueísmo, y una doctrina optimista).
El mal no es ser en sí mismo, no es algo positivo; es sólo privación de bien, carencia de la perfección debida a una naturaleza. Lo positivo es el bien carente o privado; el mal sólo se da en el bien como defecto. Un mal absoluto, existente en sí, sería una contradicción: una nada que existe. Como el mal no es un ser positivo, no necesita causa; sólo el ser tiene causa o principio, y todo ser es bueno. Tiene causa la entidad positiva a la que le acontece estar privada de la perfección debida; esa privación es querida accidentalmente, o sólo permitida, y siempre en función de un bien mayor. Por tanto, no hay que buscar una causa primera del mal, un principio o Dios del mal. No hay, pues, un principio del mal que sea Dios, o simplemente un mal absoluto y positivo. El dualismo es contrario a la creación universal (habría algo distinto de Dios que se sustrae a su acción creadora) y a la
trascendentalidad del bien (todo ser, en cuanto ser, es bueno). El mal ha sido introducido en el mundo por el pecado de la criatura inteligente y libre. Lejos de ser la materia, es el espíritu el origen del mal. Sólo la obra de Dios fue material, la obra del pecado es enteramente espiritual. No hay cosas malas, sino malas voluntades, y éstas no pueden hacer malas las cosas. Hay que hablar, pues, de un bien de la creación y de un mal de la caída o pecado.
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